Tras caída masiva de principales redes sociales: más plataformas y democratización se levantan como necesidades

Por varias horas del pasado 04 de Octubre y debido a una falla humana, se produjo una caída masiva de redes sociales en todo el mundo: Facebook, Instagram y WhatsApp, dejaron de funcionar al mismo tiempo dey de manera inédita, provocando la sorpresa y, en algunos casos, preocupación por no estar conectado(a) ya sea por razones familiares, sociales o, más aún, laborales.

Hace varios años que, como recuerda el académico del Depto. de Antropología, Andrés Gómez, el mundo es testigo de las llamadas “guerras digitales”, las cuales en un principio se trataba de países, luego de boicot a entidades financieras y más tarde entre empresas multinacionales. “Es probable que se trate de esto último ya que está vinculada al conglomerado Facebook que, además, está siendo acusado por ciertas prácticas que lo ponen en una especie de monopolio de las relaciones sociales por Internet”, comenta.

El colapso, en este sentido, no es tanto del efecto comercial, sino -argumenta Gómez- del funcionamiento monopólico de ciertas formas de redes sociales, y el surgimiento de alternativas puede ser un colapso para esos monopolios.

Según Bernardo Amigo, académico del Depto. de Sociología, este episodio revela una de las características más distintivas de la sociedad de la información y de las comunicaciones: el rol estructurante de las tecnologías digitales en cada vez más dimensiones del quehacer social y cultural.

“La sociedad de la información está soportada en estas tecnologías y cuando faltan es que nos damos cuenta de la importancia de éstas en nuestro modo de vida contemporáneo. No se trata de que nuestras vidas dependan de si tenemos, o no, acceso a Whatsapp, sino que las formas de relacionarnos, coordinarnos y resolver problemas en las sociedades del siglo XXI se desarrollan, cada vez más, por Internet y los medios sociales”, señala.

En ese sentido, la “dependencia” a las tecnologías no es nueva, sino por el contrario, es propia de cada momento en la historia de las sociedades. En las sociedades modernas, “dependemos de igual manera de la locomoción colectiva, del sistema de alcantarillado y la electricidad. Podemos vivir sin estos avances tecnológicos, pero nuestra vida sería muy diferente. Muchas veces el acceso a estas tecnologías supone la diferencia entre ser pobre o rico”, describe Amigo.

Diversificar conexiones

Tras el colapso de las principales y más utilizadas redes sociales (RRSS), emerge como lección o aprendizaje la necesidad de diversificar canales y plataformas de interacción comunicativa a través de Internet, como plantea el académico Andrés Gómez de Antropología.

Dada la constante dependencia y, en ciertos casos, adicción por el uso de estas redes, la desconexión de ellas no sería una solución a juicio de Gómez, más bien sería -como ya lo anticipaba- la diversificación de conexiones, “lo que entraña un problema con la seguridad en procesos financieros, por ejemplo. Es necesario preguntarse si la seguridad en Internet no se parece más a la concentración material y offline de un banco o institución, más que a la seguridad generada por la distribución de canales y referencias que Internet propuso en sus comienzos”, cuestiona el académico.

Para él, resulta muy interesante observar qué implicancias tienen estas caídas y cierres momentáneos para la configuración de ciertas nociones sociales en red: “qué ocurre con las redes de comunicación vinculadas a estas plataformas (en el sentido de la autonomía) y qué sucede con un sinfín de análisis de comportamiento social por Internet, que dependen del supuesto de la conexión, por ejemplo, los big data y la inteligencia artificia y su analítica social”.

Ciudadanía y democratización digital

Lo que deja claro este incidente, siguiendo en la línea de Andrés Gómez y como también argumenta Bernardo Amigo, es que dejar de depender de dichas tecnologías es imposible ya que forma parte de las sociedades contemporáneas, cambiar eso implicaría pensar en otras sociedades; esto plantea la necesidad de democratizar Internet. El gran problema, según Amigo, radica en que estas tecnologías de la información las maneja un grupo acotado de personas y son privados; el Estado tiene poca o nula participación en estos procesos y las sociedades mucho menos.

Asimismo, “tenemos que pensar en democratizar las redes sociales para que haya participación y transparencia, más que una gestión únicamente orientada a incrementar ganancias de un conglomerado reducido. Ir más allá de ser meros(as) usuarios(as) sometidos a los algoritmos que nos perfilan y convierten en productos, hay que desarrollar una ciudadanía digital y generar conciencia al respecto. Hasta el día de hoy no existen leyes que garanticen, entre otras cosas, el correcto uso de información privada de las personas y los límites que debieran tener las empresas privadas”, concluye el académico de Sociología.

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