Lanzamiento de libro Ritmo revisitado: Representaciones de género en los 60

La década de los 60 y las construcciones socioculturales de género en los jóvenes

La década de los 60 y las construcciones de género en la juventud

Un análisis sobre cuáles eran las relaciones, problemas, preocupaciones y patrones de conducta propios de hombres y mujeres jóvenes expuestos en la Revista “Ritmo Juvenil” (1965-1978), es lo que propone la socióloga de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, Silvia Lamadrid, con su reciente libro Ritmo revisitado: Representaciones de género en los 60 (Editorial Cuarto Propio), que este jueves 25 de septiembre será presentado a las 19.00 hrs. en el Auditorio del Instituto de Música (Almirante Barroso 75). El libro se publica con el apoyo del Fondo del Libro.

La década de los 60 fue un periodo de grandes cambios y revoluciones en diversos ámbitos. En política, había tensiones sociales que se expresaron en el gobierno conservador de Jorge Alessandri y que el Presidente Eduardo Frei Montalva enfrenta implementando grandes transformaciones como la chilenización del cobre, la reforma agraria y una serie de otras políticas destinadas a organizar nuevos sectores sociales como el campesinado, los pobladores y las mujeres en los centros de madre. Una época también marcada por la permanente crisis económica.

Por esos años en Chile se extendió la enseñanza media , “lo que trajo consigo más adolescentes a la ciudad y más adolescentes en la educación formal, constituyendo un grupo que no es adulto, tampoco infantil, quienes buscan su identidad a través diversos grupos o tendencias externas”, señala la académica. Por otro lado, en los jóvenes también influyeron los propios cambios de la sociabilidad, “porque ellos participaban mucho más en la vida urbana de lo que habían participado en los campos o en los propios pueblos donde la vigilancia familiar era mucho mayor”.

Es en medio de este contexto donde nace la revista juvenil llamada “Ritmo de la Juventud”, proyecto original del periodista de la Universidad de Chile Alberto Vivanco y dirigida por María Pilar Larraín hasta 1970, compositora de jingles y canciones, y conductora radial de ideología política conservadora. Durante cuatro años de investigación, la socióloga Silvia Lamadrid recopiló y analizó los artículos de este medio que pretendía ser la voz de la juventud y apuntaba principalmente a adolescentes de clase media.

La voz de los jóvenes

Además de contener historias relativas a cantantes y grupos musicales populares, había secciones que daban cuenta de la vida cotidiana de mujeres y hombres jóvenes. Una de ellas era “Temas de la Juventud”, escrita en un comienzo por Graciela Torricelli, quien entregaba consejos relacionados a la educación sentimental hacia los jóvenes. Otra era “Conversando” con cartas de los lectores. En ella, se daba cuenta de cómo eran las relaciones de amistad, hijos con sus padres y las representaciones sobre hombres y mujeres.

“Esto me sucedió a mí”, era una sección donde hombres jóvenes contaban sus anécdotas. Un espacio donde “hubo una voz importante de jóvenes populares e historias relacionadas al campo. Es muy notorio en sus historias cómo aparece la represión policial ya que los jóvenes eran vistos como ‘peligrosos’, por lo que la experiencia juvenil masculina era riesgosa”, relata Lamadrid.

Si bien en la revista se reconoce un proceso de cambio, “se aconsejaba a los jóvenes que se mantuvieran dentro de la centralidad y el orden de género de la familia”. Por su parte, la relación padres-hijos estaba marcada por la autoridad del primero: “Los padres les daban órdenes pero no hablaban con ellos”, recuerda la autora del libro. Tanto hombres como mujeres podían ingresar a la universidad o trabajar, pero el destino lógico para ellas era el matrimonio y tener hijos.

Una vez casados, la mujer se dedica a la casa, mientras que el hombre es el proveedor, es decir la definición de las personalidades por género es diametralmente opuesta y complementaria. “Al muchacho se lo invita a un desarrollo bastante social lineal y sencillo que es ser muy respetuoso, muy enfocado en sus estudios y luego en su trabajo. En el caso de las mujeres, si bien debían dedicarse a estudiar, lo fundamental era que debía ser encantadora, es decir atender bien a los demás, relacionarse con otros, participar y convocar”, comenta la socióloga.

Poca valoración de las mujeres

Cuando hombres y mujeres comenzaban a entablar una relación amorosa, el hombre representaba al agente activo en la conquista y la mujer al agente pasivo o a la “conquistada”. Sin embargo, Lamadrid añade que “este argumento también estaba presente en muchas revistas para mujeres de la época, argumentando que en realidad es la mujer quien debía mostrarse al conquistador y que la pasividad era en realidad un trabajo de actuación”.

Antes de abandonar la revista, Graciela Torricelli realizó una entrevista colectiva con mujeres adolescentes, quienes objetaban que por un lado tenían que hacerlo todo y, por otro, la poca valoración al trabajo de la mujer. Pese a tratar temas relacionados a los jóvenes, estos eran presentados como acríticos porque, según la investigadora, el medio era muy crítico ante dos grupos: los hippies, quienes atentaban contra la familia y la limpieza, y las manifestaciones políticas universitarias de entonces que eran mostradas como luchas violentas y negativas.

En palabras de su autora, este trabajo de investigación “revela la capacidad de adaptación del sistema de género, que se transforma conservando lo esencial que es el orden de la familia, desde 1960 hasta 1970”. De esta manera, el libro presenta y reflexiona sobre cuáles eran los “ideales de ser” en aquella época tanto para hombres como mujeres quienes debían seguir y practicar una serie de conductas con gustos específicos, insertos en una cultura que privilegiaba el rol del hombre, especialmente en los estudios y el trabajo.

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