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Marcos Ancelovici problematiza el acceso a la vivienda en tres ciudades del continente

Marcos Ancelovici problematiza el acceso a la vivienda en tres ciudades
Marcos Ancelovici problematiza el acceso a la vivienda en tres ciudades del continente.
Marcha por el control de los alquileres en Nueva York, 2025 (Ancelovici).

Hace algunas semanas, la diputada del Frente Amplio (FA), Gael Yeomans, propuso congelar los precios de los arriendos en Chile, inspirada por el caso de Nueva York. Es sobre esta realidad con el desafío persistente del acceso a la vivienda que ha estado investigando precisamente Marcos Ancelovici. 

De origen chileno pero radicado desde la adolescencia en Canadá, visitó la Facultad de Ciencias Sociales durante junio y agosto, dando charlas y compartiendo experiencias con estudiantes del Magíster en Ciencias Sociales, mención Sociología de la Modernización, invitado por los académicos Nicolás Angelcos (Sociología), y Valentina Abufhele (Trabajo Social). Es doctor en ciencias políticas por el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y actualmente se desempeña como catedrático y director de los programas de posgrado del Departamento de sociología de la Université du Québec à Montréal (UQAM). 

Actualmente, desarrollas un proyecto de investigación sobre la forma en que se organiza colectivamente la sociedad para resolver su problema de vivienda, haciendo un estudio comparado entre Montreal, Nueva York y Santiago de Chile. ¿Por qué decidiste centrar tu análisis en estas dos ciudades de América del Norte y una de América del Sur?

Las ciudades de Montreal y Nueva York se pueden comparar fácilmente, porque en ellas más o menos dos tercios de los hogares son arrendatarios. También están organizadas por barrios con agrupaciones comunitarias que se movilizan a nivel barrial para extender los derechos de los arrendatarios. Ambas ciudades cuentan con patrones comunes que hacen que la comparación sea bastante más sencilla de justificar. Santiago, obviamente, es totalmente distinto porque el fenómeno del arriendo masivo se ha estado desarrollando más últimamente; acá se mantiene el anhelo de la casa propia y el arriendo se percibe como una solución transitoria.

¿Cómo se abordan los problemas de vivienda en esas ciudades?

Es muy variable la realidad y los conflictos en cada ciudad. En Nueva York, los edificios más antiguos tienen en general arriendos regulados (se llaman “rent stabilized”). Hay viviendas de buena calidad, muy bien ubicadas y otras que no fueron mantenidas o cuidadas en el tiempo y ellas se concentran en los barrios más populares, como en el Bronx y el centro de Brooklyn. Allí existe un conflicto muy importante entre los propietarios y la municipalidad respecto del mantenimiento de los edificios, con problemas de servicios básicos como ascensores en mal estado o falta de calefacción o de agua caliente. Pero no afecta a todo el mundo, de nuevo se refleja la desigualdad.

Este tipo de problemas en dicha ciudad se gestionan a través de la Corte de la Vivienda. Hay cinco cortes de vivienda en Nueva York, con un sistema de justicia específico, es la denominada housing court creada en los 70 para tratar —dentro de un marco institucional y legal— todos los conflictos que había entre propietarios y arrendatarios.

En Montreal, también hay un tribunal de la vivienda pero que no tiene la misma importancia que en Nueva York, en parte porque la ciudad es más pequeña pero también porque no se gestionan tantos casos en la corte. 

Para las personas más pobres, en Nueva York no había un servicio de asesoría legal gratuito. Ahora sí, tras una larga batalla. El alcalde demócrata Bill de Blasio empezó su mandato en enero de 2014, cuando tomó vuelo esa campaña; por primera vez hubo mucha movilización a nivel barrial y así lograron el derecho a la asesoría legal que se llama right to counsel, o sea el derecho a contar con un abogado para la gente que gana más o menos el doble del umbral de pobreza, que es mucha gente.

Eso se firmó en 2017 y comenzó a implementarse gradualmente en toda la ciudad. El problema es que el ayuntamiento no invierte suficientes recursos económicos para contratar abogados. Por lo tanto, hay un desfase entre esta nueva ley y la realidad práctica de los derechos.

Frente a las demandas relativas a la vivienda, ¿cómo se organiza la ciudadanía?

En Nueva York, hay sindicatos de arrendatarios que organizan asambleas barriales. En Montreal es un poco distinto: existen comités de vivienda a nivel del barrio, pero no hacen tantas asambleas, sino reuniones informativas. La diferencia radica en que en Montreal se opera más como un servicio social de asesoría y de acompañamiento mientras que en Nueva York se trata más de una lógica de movilización.

Durante los últimos 15 años, en Montreal ha aumentado mucho el precio del alquiler, siendo que antes solía ser unas de las grandes ciudades más baratas de América del Norte, atrayendo a muchos estudiantes, artistas e inmigrantes, con una vida cultural efervescente porque era más barata.

¿A qué se debe el encarecimiento del costo de la vida, particularmente del alquiler?

El aumento del alquiler es un fenómeno complejo. Hay, por un lado, como en muchas ciudades del mundo, una financiarización de la vivienda que hace que fondos de inversión compren una cantidad masiva de viviendas para especular, hacen pequeñas renovaciones superficiales para que se vean un poco más bonitas y multipliquen por 2 la renta. También, a más pequeña escala, hay gente que hace flipping, es decir comprar una propiedad inmobiliaria, remodelarla o mejorarla y volver a venderla rápidamente para obtener una ganancia. Por otro lado, no se construyen suficientes viviendas de tamaño adecuado y a precio accesible, de manera que hay un desfase entre la oferta y la demanda. Finalmente, de manera más general, no se puede entender el problema del acceso a la vivienda sin tomar en cuenta el hecho de que mientras aumenta su precio, ya sea para comprar o arrendar, los salarios están estancados. Por eso el problema de la vivienda está ligado a la desigualdad y a las relaciones de clase. Marcha por el control de los alquileres en Nueva York (2025).

Ahora, ¿qué ocurre con Santiago, sobre todo respecto de la acción colectiva organizativa en torno a la vivienda?

Es totalmente distinto. Acá, mientras se espera por una casa durante 10 años o más, cada vez más gente está arrendando, pero sin que el control de los arriendos sea un tema movilizador. Sin embargo, en Santiago, hay una organización masiva mucho más importante que en Montreal y que en Nueva York; en la Región Metropolitana hay cientos de comités de vivienda porque mucha gente no tiene acceso a un crédito inmobiliario. Eso sí, ejercen un rol distinto porque está todo muy regulado y enmarcado en la política de la vivienda: esta conduce a que la gente con pocos recursos se junte y levante un comité para acceder a subsidios del Estado. Bueno, también pueden hacerlo individualmente, pero es más complicado y requiere más recursos. La política para facilitar la accesibilidad a la gente con menos recursos fomenta la acción colectiva. O sea, el propio dispositivo institucional fomenta la acción colectiva.

He entrevistado a vecinos e integrantes del comité de vivienda Fuerza Lo Hermida, en la comuna de Peñalolén, quienes han realizado diversas acciones de protesta. También he conversado con gente del Movimiento Vivienda Digna, presente en Maipú, Santiago Centro, Macul y Antofagasta, y con el Movimiento Ukamau de Estación Central, que ha logrado avances impresionantes con el barrio Maestranza en el sureste de la comuna. Todo esto ha sido fruto de una lucha constante y muy duradera.

Si no existiera la acción colectiva o movimientos sociales a favor de la vivienda, ¿las personas tendrían un menor acceso a ella?

Creo que, sin acción colectiva, no se pueden defender los derechos, no se pueden conseguir nuevos derechos, no se pueden mejorar las leyes, no se pueden lograr reformas. Y en Chile esto va más allá, porque la acción colectiva por la vivienda es parte de la implementación de las políticas públicas. La movilización también permite que el tema no desaparezca del espacio público. Todo eso se hace colectivamente y, por tanto, sin acción colectiva no se puede resolver el problema de la vivienda. 

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